
El crujido de la nieve bajo las raquetas, el cielo patagónico cargado de estrellas, y al final del sendero: una cena en el restaurant Makewe.
Cuando cae el sol y las pistas quedan vacías, el Chapelco se transforma. Salimos en grupo chico con linternas frontales y raquetas, caminando sobre nieve virgen entre lengas escarchadas. El guía va marcando el paso — no hace falta estado físico de atleta, solo ganas de vivir algo distinto.
A mitad de camino se apagan las linternas. Un minuto de silencio total, mirando las estrellas como no se ven en ninguna ciudad. Después, el premio: cena en el restaurant Makewe.
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